Como todos los días Sandro sale corriendo del ascensor esperando que le abra la puerta después de su paseo matinal. Quiere comer. Abro la puerta y en la radio escucho “… viejo roble, del camino….” No jodas……….
Estoy en Madrid, son las ocho y media de la mañana y en la radio suena Pescado Rabioso…. No jodas.
Un nudo en la garganta y si, está todo mal me dice internet. Empiezan a caerme las fichas: Barrancas de Belgrano ’84. Los veranos en River escuchándolo en la radio, Obras, La La La, Artaud, Kamikaze, Quedándote o Yéndote sonando en una FM trucha de San Fernando, magia, poesía, libertad y más conciertos por ahí, y el San Román, Amenabar, Bajo Belgrano, lugares en común. Que tristeza.
La muerte es una mierda. Se lleva a alguien, se lleva un pedazo de uno también con el que se fue. Y trae tristeza para los que se quedan. Cada uno con la suya.
No me importa hoy quien fue Spinetta, lo que hizo, como vivió, lo que dejó. Lo que se es que ya no está y con él se fue un testigo silencioso e inclaudicable de momentos de mi vida, siempre presente con sus canciones acompañandome aunque el no lo sabía. Y seguirá estando a mi lado, como siempre. Pero no es lo mismo.
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